Publicado el 22 de septiembre de 2026
Cuando Nicole Jeraldo Araya defendió su tesis de pregrado en Bioquímica, lo hizo sobre una pregunta que, dicha en simple, suena provocadora: ¿pueden las plaquetas, esas células sin núcleo que asociamos sobre todo a la coagulación, convertirse en una fuente de mitocondrias capaz de devolverle energía a un cartílago enfermo? La respuesta, construida a lo largo de meses de trabajo conjunto entre la Universidad de los Andes y la Universidad de Chile, y con proyección hacia el sur del país, terminó publicada en el Journal of Translational Medicine bajo el título “Platelet-derived mitochondrial transplantation expands respiratory reserve and extracellular matrix anabolism in primary osteoarthritic chondrocytes”. Vale la pena detenerse en por qué este trabajo importa, de dónde viene y hacia dónde puede llevar.
El problema que se ataca
La osteoartritis afecta a más de trescientos millones de personas en el mundo y sigue siendo, en sus formas avanzadas, una enfermedad sin tratamiento capaz de detener su curso; la cirugía de reemplazo articular continúa siendo, para muchos pacientes, la única salida definitiva. En la última década se ha ido consolidando la idea de que el deterioro del cartílago no es solo una consecuencia mecánica del desgaste, sino que tiene, en su raíz celular, un problema energético: los condrocitos osteoartríticos pierden la capacidad de producir energía mediante fosforilación oxidativa, se vuelven más dependientes de la glicólisis, acumulan especies reactivas de oxígeno y, con ello, activan enzimas que degradan la matriz y sostienen la inflamación. Si la disfunción mitocondrial es un motor de la enfermedad y no solo su huella, entonces restaurar esa función mitocondrial deja de ser un gesto cosmético y pasa a ser una estrategia terapéutica con sentido.
Por qué plaquetas, y por qué era necesario establecerlo
La Universidad de los Andes ya tenía, antes de este trabajo, una línea sólida y bien validada de trasplante mitocondrial usando células mesenquimales, con resultados publicados que muestran que estas células donan mitocondrias a condrocitos y protegen la integridad del cartílago. Es una plataforma potente, pero tiene un costo: requiere expansión de las células en laboratorio, y esa expansión trae consigo riesgos de senescencia, deriva fenotípica y variabilidad de un lote a otro. Ahí apareció la idea que impulsa este proyecto, usar plaquetas en lugar de células mesenquimales, porque abren una puerta que las células mesenquimales no pueden abrir con la misma facilidad, la posibilidad de un tratamiento autólogo, es decir, obtenido de la propia sangre del paciente, sin expansión ex vivo y con mínimas barreras inmunológicas. Esa vía además ya tiene un camino clínico recorrido en ortopedia, el plasma rico en plaquetas se usa hoy para tratar cartílago y tendones, de modo que trasladar el trasplante mitocondrial hacia esa misma fuente no era partir de cero, sino construir sobre un flujo clínico ya aceptado.
Dicho así suena directo, pero establecerlo en el laboratorio fue un desafío real. Las plaquetas son fascinantes precisamente porque son escasas en mitocondrias, cada una posee apenas un puñado de estos organelos, pero esas pocas mitocondrias son de muy alta eficiencia energética. Trabajar con un donante tan pequeño y tan exigente en términos técnicos obligó a montar, literalmente desde cero, todo un flujo de trabajo, la extracción de plaquetas desde sangre periférica, su purificación, el aislamiento de las mitocondrias que contienen, y la caracterización estructural y funcional de esas mitocondrias antes de siquiera pensar en trasplantarlas a un condrocito. El artículo documenta ese trabajo con detalle, desde la microscopía electrónica de transmisión que confirma la integridad de la membrana externa de las mitocondrias aisladas, hasta los ensayos de respiración celular que muestran que su capacidad funcional se preserva intacta, tanto en donantes sanos como en pacientes con osteoartritis.
El rol del CICA y del Hospital Clínico de la Universidad de Chile
Este montaje no se hizo en aislamiento. Contamos con el apoyo del Centro de Investigación Clínica Avanzada, el CICA, del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, y esa colaboración fue determinante. Visitamos su laboratorio clínico, aprendimos de su experiencia y establecimos ahí, de manera conjunta, el flujo completo de trabajo con plaquetas. El propio artículo refleja esa asociatividad en su composición, condrocitos obtenidos de artroplastias totales de rodilla realizadas en el Hospital Clínico, aprobación ética conjunta del Comité de Bioética de la Universidad de los Andes y del Comité de Ética del Hospital Clínico, y autores que pertenecen tanto al Centro de Investigación e Innovación Biomédica y al centro IMPACT de la Universidad de los Andes, como al Departamento de Tecnología Médica y al propio CICA de la Universidad de Chile. No es un detalle menor, es la prueba de que la ciencia traslacional de verdad, la que conecta el banco de laboratorio con el paciente, necesita instituciones que se abran la puerta unas a otras.
Esa alianza tiene además un efecto que va más allá de este artículo, nos permitió postular en conjunto a nuevos financiamientos y aportar, de manera concreta, a una línea de investigación que en la Universidad de los Andes ya estaba muy bien implementada con células mesenquimales, sumando y consolidando ahora una experiencia propia y validada en mitocondrias derivadas de plaquetas. Es, en el fondo, cómo debiera funcionar la colaboración entre universidades, no reemplazando lo que cada una construyó, sino complementándolo.
Una proyección hacia el sur
Lo que se aprendió en Santiago no se quedó en Santiago. Tuvimos la oportunidad de recibir en el sur, en la Universidad de Aysén, a al menos dos investigadoras de la Universidad de Chile, con quienes extrajimos plaquetas también aquí y reprodujimos parte de este flujo de trabajo. Ese intercambio importa porque descentraliza capacidades, porque instala en regiones una técnica que hasta ahora dependía de laboratorios metropolitanos, y porque muestra que una colaboración bien construida entre dos universidades centrales puede, con el tiempo, extenderse y arraigarse también en el sur de Chile.
Lo que muestran los resultados
Más allá del valor de haber establecido la técnica, los resultados del estudio son, en sí mismos, alentadores. Las mitocondrias derivadas de plaquetas fueron incorporadas por los condrocitos osteoartríticos de manera dependiente de la dosis, alcanzando una captación óptima en una proporción de una célula por cada cien plaquetas donantes, sin comprometer la viabilidad celular. Una vez internalizadas, ampliaron la capacidad respiratoria máxima y la reserva respiratoria de estas células sin alterar su respiración basal, lo que sugiere que el trasplante no fuerza un cambio metabólico permanente, sino que amplía el techo bioenergético disponible para cuando el condrocito lo necesite, algo especialmente relevante en un tejido sometido a demandas mecánicas variables. En paralelo, aumentaron la expresión de colágeno tipo II y agrecano, las dos proteínas estructurales que sostienen la matriz del cartílago, mientras reducían de forma selectiva la secreción de interleucina 1 beta y de osteopontina, dos mediadores centrales en la destrucción del cartílago, sin tocar otras citoquinas como la interleucina 6, el factor de necrosis tumoral alfa, la interleucina 10 o el antagonista del receptor de interleucina 1. Esa selectividad es importante, indica que el efecto no es una inmunosupresión general, sino una reprogramación metabólica e inflamatoria dirigida. El estudio confirmó además, mediante la detección de ADN mitocondrial humano dentro de condrocitos murinos, que lo que se observa es efectivamente una transferencia real de mitocondrias y no un artefacto de la técnica de marcaje.
La relevancia y hacia dónde va
El valor de este trabajo no está solo en el dato puntual, está en la puerta que abre. Al usar plaquetas en vez de células mesenquimales, se propone una fuente de mitocondrias accesible desde la propia sangre del paciente, compatible con procedimientos alogénicos y autólogos que la ortopedia ya utiliza de forma rutinaria, y que evita las complejidades regulatorias y logísticas de expandir células en cultivo. Es, como señalan los propios autores en la discusión del artículo, una ruta pragmática hacia la práctica clínica, que aprovecha flujos de trabajo ya establecidos en el ambiente ortopédico. Quedan preguntas abiertas y los propios autores las plantean con honestidad, cuánto dura el efecto del trasplante en el tiempo, cómo se comportan las mitocondrias plaquetarias obtenidas directamente de pacientes con osteoartritis, y qué parámetros de dosis y preparación son necesarios para sostener el efecto en el ambiente real de una articulación. Pero el mecanismo básico, que las mitocondrias derivadas de plaquetas amplían la reserva respiratoria y modulan el equilibrio entre anabolismo y catabolismo del condrocito humano, quedó establecido, y con ello, una base sólida para seguir avanzando.
Un reconocimiento a quienes lo hicieron posible
Este resultado es, ante todo, el fruto del trabajo de Nicole Jeraldo Araya en su tesis de pregrado, dirigida junto a Patricia Luz Crawford, con Pablo Cruz y con todo el equipo de coautoras y coautores que participó en el diseño, la ejecución y el análisis del estudio. Pero es también el fruto de una red de instituciones que decidieron trabajar juntas, la Universidad de los Andes, a través de su Centro de Investigación e Innovación Biomédica y del centro IMPACT de Medicina Interventiva de Precisión y Terapia Celular Avanzada, la Universidad de Chile, a través de su Departamento de Tecnología Médica, el Centro de Investigación Clínica Avanzada y el Hospital Clínico, la Universidad del Desarrollo, la Universidad Andrés Bello, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y la Universidad de Aysén en el extremo sur, junto a colaboraciones internacionales con la Universidad de Heidelberg y la Universidad de Montpellier. Cada una de estas instituciones aportó algo insustituible, infraestructura, experiencia clínica, financiamiento, formación de nuevas investigadoras e investigadores, y la disposición a abrir sus laboratorios a otro equipo. Ese es, quizás, el resultado menos visible en las figuras del artículo, pero el más duradero, una comunidad científica chilena que se articula entre el centro y el sur, y que demuestra que la colaboración interinstitucional no es un enunciado de buenas intenciones, sino una forma concreta de hacer mejor ciencia.
Cita del artículo
Jeraldo-Araya N, Yantén-Fuentes L, Hernández-Cáceres MP, Morales-Reyes J, Vega-Letter AM, Lara-Barba E, Merino-Flores C, Bustamante-Barrientos FA, Alfaro I, Matamoros A, Elorza AA, García-Navarrete C, Luque-Campos N, Barahona M, Altamirano C, Luz-Crawford P, Cruz P, Toledo JA. Platelet-derived mitochondrial transplantation expands respiratory reserve and extracellular matrix anabolism in primary osteoarthritic chondrocytes. J Transl Med. 2026. https://doi.org/10.1186/s12967-026-08809-4

